Cómo empezar a defender tu fe
Vivimos en un mundo que cambia vertiginosamente; cada día surgen nuevas preguntas —y también un renovado interés— acerca de la fe cristiana.
Como iglesia, ¿estamos preparados para este tiempo? Las estrategias de evangelización que funcionaron en el pasado quizá ya no resulten tan efectivas.
Las Escrituras nos muestran que proclamar el evangelio de forma fiel exige conocer al público al que hablamos. Pedro citó las Escrituras hebreas cuando predicó a los judíos (Hch 2), mientras que Pablo recurrió a los poetas y filósofos griegos en Atenas (Hch 17).
Ambos hallaron diferentes puntos de contacto para persuadir a sus oyentes sobre el mismo evangelio. A esta labor de presentar razones convincentes de la fe hoy la llamamos apologética.
1. El fundamento bíblico de la apologética
El punto de partida no es el dominio de la lógica, sino la santidad del corazón: «santificad a Cristo como Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa…» (1 Pe 3:15). Primero glorificamos a Cristo internamente; luego respondemos externamente. Si invertimos el orden, corremos el riesgo de defender la fe con motivaciones erradas y de buscar nuestro honor en lugar de la gloria de Dios.
2. Conoce la fe que vas a defender
No podemos explicar lo que ignoramos. Por eso el primer paso práctico es profundizar en la doctrina cristiana: la formación del canon, la encarnación, la Trinidad, la justificación y la resurrección. Defender la mera existencia de un “ser supremo” no basta; un judío, un testigo de Jehová o un musulmán podrían decir lo mismo. La apologética cristiana exalta al Dios trino revelado en Jesucristo.
3. Aprende a razonar con claridad
El estudio de la lógica nos ayuda a evitar argumentos débiles. Comprender, por ejemplo, la falacia ad hominem nos impide desechar una idea solo porque provenga de un ateo. Desacreditar a la persona no refuta su argumento. El cristiano que piensa bíblica y lógicamente honra a Dios con la mente (Mt 22:37).
4. Responde a las preguntas de hoy
Una vez cimentados en la teología y la lógica, podemos abordar las objeciones comunes: ¿cómo sabemos que Dios existe? ¿Por qué permite el mal? ¿Resucitó Jesús realmente? ¿Son todas las religiones iguales? Cursos especializados y libros como Apologética de Norman Geisler o Una fe lógica de Timothy Keller resultan útiles, siempre a la luz de la Escritura.
5. Cultiva humildad y comunidad
El conocimiento puede inflar, pero el amor edifica (1 Co 8:1). Escuchar antes de hablar demuestra compasión por el no creyente. Además, la apologética se practica mejor en comunidad: rodéate de hermanos que compartan tu pasión por el Señor y por los perdidos. La iglesia local es el taller donde afilamos nuestras ideas y nuestras actitudes
6. Forma hábitos para toda la vida
La cultura no deja de cambiar, y nuestra preparación tampoco debería. Desarrolla hábitos de estudio prolongados y microhábitos de reflexión que te permitan evaluar incluso las películas o series a la luz del evangelio. Sigue el ejemplo de Pablo, quien ‘leía a sus poetas’ para entender el corazón de su audiencia.
Apologética que glorifica a Dios
La apologética demanda paciencia y amor: amor a Dios—porque todo procede de nuestro deseo de honrarle— y amor al incrédulo—porque buscamos su salvación, no su humillación. Defender la fe es integrar a la vida diaria un ‘sexto sentido’ de humildad y valentía, de comprensión y diligencia, todo para la gloria de Dios.
Con amor y en Cristo,
Equipo de MAC


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