Escrito por Daniel.
El concepto del infierno ha sido objeto de intensos debates y cuestionamientos morales a lo largo de la historia del cristianismo. Muchos se preguntan cómo un Dios que se define como bueno y amoroso podría enviar a personas al tormento eterno. Sin embargo, al examinar las enseñanzas cristianas sobre este tema, podemos encontrar una perspectiva apologética que arroja luz sobre la justicia y el amor divino en relación con el infierno.
El Dios cristiano es presentado como un Ser de amor y justicia perfectos. Estos atributos se reflejan en las Sagradas Escrituras, donde se nos dice que «Dios es amor» (1 Juan 4:8) y que «no hace acepción de personas» (Romanos 2:11); sin embargo, tenemos que entender cuál es el concepto real de amor en las Escrituras. La Biblia nos cuenta que Dios no solo es amoroso y bueno, sino que también es perfecto y santo, y que además es el único que tiene estas cualidades en todo la existencia.
Esto nos presenta un problema, ya que la Biblia es clara en que nosotros somos malos y que nuestra naturaleza está caída y va en contra de la voluntad de Dios. Para entender porqué esto es un problema, podemos usar una analogía: Un fósforo encendido y una hoja seca. Si los juntamos, naturalmente la llama va a consumir la hoja, ambos tienen propiedades distintas que les impide estar juntos. Lo mismo pasa con Dios, al ser el único bueno y santo [que son atributos únicos de Dios] y al estar nosotros corrompidos por nuestros pecados por nuestra naturaleza pecaminosa, no podemos tener relación el uno por el otro porque al igual que la hoja, no podemos tener contacto con la santidad de Dios.
Una segunda cualidad de Dios importante en este tema es que Dios es justo. Y aquí es donde entra en juego el amor y el juicio. Si nosotros con nuestro muy limitado sistema judicial acá en la tierra, no consideraríamos justo que un [buen] juez perdone a un culpable de algún delito solo porque es bueno, ¿cuánto más derecho tiene Dios de juzgarnos de acuerdo con nuestras decisiones?, cuando Él es el único bueno en toda la existencia y todos nosotros culpables de estar muertos en nuestros pecados. Un Dios que es bueno y justo, no puede dejar pasar por alto nuestros pecados y hacerse la vista gorda, si no, alguna de estas afirmaciones no sería correcta.
Por más que tratemos de ser buenos y pagar nuestras malas acciones con buenas acciones, esto se nos hace imposible ya que nuestra naturaleza nos lleva a pecar constantemente, y por si fuera poco, nuestros pecados ya cometidos, deben ser condenados bajo la justicia divina bajo la primicia de que hemos cometido delitos contra Dios.
¿Cuál es la solución a este problema? La historia de la Biblia trata de cómo Dios, a través de los tiempos, ha buscado cómo relacionarse con los humanos y ha ido a buscarlos para tener una relación con ellos, aun cuando nosotros una y otra vez le damos la espalda. Dios siempre tuvo claro que la única forma de poder perdonar estos pecados que nos condenan es bajo un sistema sacrificial, en el cual el sacrificio “toma” nuestros pecados por suyos y entonces cumple la condena de muerte que nosotros merecemos.
Dios ve esto y, en la mayor obra de amor y de gracia posible, envía a su Hijo unigénito al mundo, sin mancha y sin pecado, totalmente humano y totalmente Dios a la vez, a vivir la vida perfecta y sin pecado, para luego voluntariamente y en la mayor muestra de amor de la humanidad, morir por nuestros pecados, muriendo crucificado y habiéndose separado del Padre, como nos tocaría a nosotros en nuestro estado de muerte espiritual.
Es por esto, que Dios es un Dios lleno de amor y bondad, puede enviar a personas al infierno. Cuando el amor omite los pecados y las injusticias, se convierte en irreverencia, y le deja de importar la verdad y los hechos. El amor de Dios es tan grande, que aún con todos nuestros delitos, nos dio la forma de estar en paz con Él para la eternidad: solo creyendo que su hijo Jesús es el que da vida eterna.
Gloria sea a Dios siempre.


Deja un comentario