Escrito por Christian Cruz
Es común creer equivocadamente que la apologética se trata de pelear, discutir, o defender a Dios (Él no necesita defensa). Por eso, en este artículo explicaremos el verdadero objetivo de la apologética a través de 1 Pedro 3:15.
“sino santifiquen a Cristo como Señor en sus corazones, estando siempre preparados para presentar defensa ante todo el que les demande razón de la esperanza que hay en ustedes. Pero háganlo con mansedumbre y reverencia”. 1 Pedro 3:15 NBLA
Antes de hacer apologética, lo más importante es santificar a Dios en nuestros corazones. Esto quiere decir que somos apartados por el Señor y para el Señor, para vivir de tal manera que reflejemos Su santidad. Como describe R.C. Sproul en su libro “La santidad de Dios”:
“Fuimos creados a la imagen de Dios. Ser imagen de Dios significaba, entre otras cosas, que fuimos hechos para reflejar el carácter de Dios. Fuimos creados para hacer brillar en el mundo la santidad de Dios.”
Tal como dice Levítico 11:44: “sean santos, porque Yo soy santo”, debemos buscar la santidad para glorificar a nuestro Dios en nuestros corazones, incluso a pesar de nuestras limitaciones y pecaminosidad. Debemos descansar en el Espíritu Santo, pues Él es quien trabaja en nuestra santificación, para que estemos preparados para presentar defensa al que nos demande razón de la esperanza que existe en nosotros.
Consecuentemente, cuando Pedro dice que debemos estar preparados para presentar defensa, es porque es importante investigar y estudiar lo que decimos profesar. Cuanto más estudiamos sobre historia, teología y apologética, con ojos espirituales que únicamente nos puede dar el Espíritu Santo, es que llegamos a conocer la verdad con mayor profundidad. Esto es lo bello del cristianismo: todo apunta a Jesús. Por eso nuestro carácter debe imitar a Jesús al estar preparado para presentar defensa de lo que creemos para la gloria de Dios. Por eso hago la siguiente pregunta:
¿Cómo vas a defender algo que no conoces?
(Antes de responder la pregunta, permítanme contarles una breve historia). En una clase sobre defensa militar de la maestría que estoy estudiando, el profesor dijo lo siguiente: “desde un punto de vista gubernamental, la comunicación asertiva (la capacidad de comunicar) genera confianza hacia las instituciones que tienen obligaciones con el ciudadano (como los ministerios de salud, educación, etc.), y eso da la seguridad al ciudadano de que estas instituciones están haciendo lo que deben hacer. La comunicación que genera confianza deriva en seguridad”. ¡Qué gozo y tranquilidad saber que nuestro Dios se ha revelado claramente a través de palabras y acciones! y por eso podemos tener certeza en Dios y podemos confiar en quién es Él. Entonces, respondiendo la pregunta, para poder decir que conocemos lo que defendemos, es necesario conocer la esperanza que hay en nosotros.
Ahora, es importante hacernos la siguiente pregunta: “¿estamos listos para el momento en el que alguien demande razón de la esperanza que hay en nosotros?” Como cristianos, nuestra esperanza se basa en la salvación que tenemos a través de Jesucristo y en la promesa de vida eterna en Él. Es esencial estar preparados para explicar y justificar nuestras creencias cuando nos enfrentemos a preguntas o desafíos sobre nuestra fe.
Si continuamos analizando el texto de Pedro, debemos meditar en el tema de la mansedumbre y reverencia. En el libro “Por el poder de Su Espíritu” el Dr. Miguel Núñez habla sobre la mansedumbre para defender la fe diciendo lo siguiente:
“Dios nos ha llamado a defender Su Palabra y Su causa, pero no hiriendo y destruyendo la dignidad de los hombres que son portadores de Su imagen. Nuestro silencio honra a Cristo más que nuestras palabras cortantes e hirientes.”
Cuando leemos sobre nuestra fe, su historicidad, su veracidad y todo lo relacionado a ella, en teoría deberíamos tener un carácter humilde, reverente, y manso ante nuestro Dios y ante los que portan Su imagen. El orgullo nos lleva a humillar a los demás, creyendo que sabemos y somos más que ellos. En cambio, la mansedumbre es necesaria cuando las personas pronuncian palabras hirientes contra nosotros, y nos quedamos en silencio para no herir como nos han herido. Recuerda, una actitud mansa puede abrir puertas para que otros escuchen y consideren el mensaje del Evangelio.
En resumen, la apologética cristiana se basa en santificar a Cristo en nuestros corazones, estando siempre preparados para presentar defensa de nuestra esperanza en Él. Se fundamenta en el conocimiento teológico e histórico, pero también en un carácter humilde y manso que refleja la santidad de Dios. La apologética no es una lucha agresiva, sino una respuesta amorosa y respetuosa que muestra la verdad y el amor de Jesús a un mundo que necesita conocerle.


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