Escrito por Andrés Vásquez. Estudiante de Filosofía en la Pontificia Universidad Católica del Perú y Teología en el Seminario Teológico Kerigma. Coordinador de contenido de Ministerios de Apologética Cristiana (MAC).

Probablemente, una de las mayores objeciones a la centralidad del Evangelio proviene por parte de Bart Ehrman. Ehrman es un académico del Nuevo Testamento de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, quien se enfoca en la crítica textual del Nuevo Testamento, el Jesús histórico y los orígenes del cristianismo primitivo. Los libros y las palabras de Ehrman son muy influyentes en estos tiempos, probablemente algunas de las objeciones que escuches provengan de sus libros.
Ehrman en sus libros ha argumentado a favor de la historicidad de Jesús y la fiabilidad histórica del Nuevo Testamento, pero también ha argumentado mucho en contra de algunas creencias del cristianismo. En específico el argumento de que los seguidores de Jesús inventaron su deidad después de su muerte, implicando que Jesús nunca afirmó ser Dios.
Ehrman tiene una historia muy peculiar sobre su desconversión:, pasó de ser un cristiano fundamentalista a ser agnóstico. Es así que a lo largo de su carrera académica ha buscado siempre desmoronar las creencias esenciales del cristianismo. Él sostiene que Jesús no afirmó ser Dios, ni se consideraba Dios, ni tampoco lo hicieron sus seguidores más cercanos, sino que fue divinizado de una forma diferente después de su crucifixión. Es así que Ehrman en How Jesus Become God [Cómo Jesús se convirtió en Dios] menciona lo siguiente:
Jesús fue un predicador judío de clase baje la Galilea rural, condenado por actividades ilegales y crucificado por crímenes contra el estado. Con todo, no mucho después de su muerte, sus seguidores afirmaban que era un ser divino. Luego fueron incluso más lejos y declararon que era Dios mismo, el Señor del cielo y la tierra. De ahí la pregunta: ¿Cómo es que un campesino crucificado llegó a ser considerado como el Señor que creó todas las cosas? ¿Cómo se convirtió Jesús en Dios? [1]
Esta es una afirmación fuerte, pues ataca uno de los fundamentos del cristianismo, siendo esta la creencia de que Jesús es Dios. Si lo que menciona Ehrman es verdadero, el cristianismo como tal no tiene sustento histórico, sino que su creencia fue modificada con el pasar de los tiempos, afirmando que el cristianismo sería falso como tal, ya que el sustento de este es Jesús mismo. Pero… ¿realmente es esto cierto? ¿Realmente Jesús no se consideraba Dios? Si podemos sustentar que Jesús se consideró a sí mismo como Dios, estamos dejando de lado a religiones como el judaísmo o el islam y posicionando al cristianismo como la única religión verdadera, y afirmando que lo que menciona Ehrman es falso.
Según Ehrman, la creencia de que Jesús era Dios es algo que surge mucho después de su muerte. Él indica que en vida los discípulos veían a Jesús como un ser divino, similar a un emperador o un gran guerrero, pero no lo veían como Dios, un ser eterno y preexistente. Sin embargo, Simon Gathercole, académico del Nuevo Testamento y cristianismo primitivo, menciona que los Evangelios sinópticos sí hablan de la preexistencia de Jesús. Señala que hay varios versos con la frase «he venido», haciendo indicar que Jesús tiene esta preexistencia.[2] De esta manera, se aduce que Jesús vino de algún lugar, a saber, del cielo. A continuación, mencionaré algunos de los versículos que Gathercole menciona para sostener su punto: “Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.” (Mar. 2:17). “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.” (Mat. 5:17). “Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido. (Luc. 19:10).
Ahora bien, es cierto que había ciertos grupos en los primeros siglos que tenían una visión errada de la persona de Jesús. Sin embargo, Darrel Bock, académico del Nuevo Testamento, nos dice que no hay evidencia de que estos grupos existiesen en el Siglo I. [3] La evidencia sugiere que desde el inicio los seguidores de Jesús lo veían como Dios, y no solamente “divino”. Y es más bien con el pasar del tiempo que surgen grupos heréticos con creencias erradas sobre Jesús.
Sin embargo, podemos afirmar que, en efecto, Jesús sí afirmó ser, en primer lugar, el Mesías. Esto lo podemos ver en esta confesión de Pedro. Marcos nos dice lo siguiente: “Después de esto, Jesús y sus discípulos fueron a los caseríos cercanos al pueblo de Cesarea de Filipo. En el camino, Jesús les preguntó: —¿Qué dice la gente acerca de mí? Los discípulos contestaron: —Algunos dicen que eres Juan el Bautista, otros dicen que eres el profeta Elías. Hay otros que piensan que eres alguno de los profetas. Entonces Jesús les preguntó: —Y ustedes, ¿qué opinan? ¿Quién soy yo? Y Pedro contestó: —Tú eres el Mesías.” (Mar. 8:27-29 – TLA). El teólogo y filósofo William Lane Craig nos dice: «La respuesta de Pedro a la pregunta de Jesús se confirma independientemente en Juan 6:69, donde Pedro dice: “Hemos llegado a creer y a saber que tú eres el Santo de Dios”». [4] Otra historia que refleja la autocomprensión mesiánica de Jesús es la historia de la respuesta de Jesús a Juan el Bautista, cuando este estaba en prisión. (Mateo 11:2-6; Lucas 7:19-23). La respuesta de Jesús presenta estos tintes divinos sobre él. Nuevamente, Craig es de utilidad aquí; él menciona: «La respuesta de Jesús a Juan es una mezcla de profecías de Isaías 35:5-6; 26:19; 61:1, la última de las cuales menciona explícitamente ser el Ungido de Dios. […] Tal vez lo más notable de todo es que estas mismas señales se enumeran como signos de la venida del Mesías en uno de los Rollos del Mar Muerto de la secta judía que vivió en Qumrán en la época de Jesús (4Q521)». [5]
Además de esto, Jesús afirma ser el Hijo de Dios en Mateo 11:27: “Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.” Se puede confiar en esta fuente porque es una que se data muy temprano, puesto que es compartida por Mateo y Lucas. Asimismo, en varios pasajes de Juan él afirma lo siguiente: “Yo soy en el Padre, y el Padre en mí” (14:11), “Yo y el Padre uno somos” (10:30), “Yo soy la luz del mundo” (8:12), “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (14:6), entre otros pasajes. No solo esto, sino que Jesús reforzó su autoridad divina demostrando autoridad como maestro (Mar. 1:21-22), teniendo autoridad sobre los espíritus (Mar. 1:23-26), teniendo autoridad sobre el pecado (Mar. 2:5-7), sobre la enfermedad (Mar. 2:9-12), sobre la naturaleza (Mar. 4:37-41) y sobre la muerte (Mar. 5:41-42). Jesús no solo afirmó ser Dios, sino que también lo demostró. Sus milagros—corroborados históricamente [6]—servían como evidencia de quién realmente era él.
Entonces, en base a lo dicho anteriormente, podemos estar seguros que Jesús realmente es Dios y afirmó serlo. En palabras de Kenneth Scott Latourette, historiador del cristianismo en la Universidad de Yale: “No son Sus enseñanzas las que hacen a Jesús tan notable, aunque esto sería suficiente para darle distinción. Es una combinación de las enseñanzas con el hombre mismo. Esas dos no se pueden separar”. [7] Y, finalmente, el historiador Philip Schaff (1913) afirma:
¿Cómo, en nombre de la lógica, el sentido común y la experiencia, un impostor—es decir, un hombre engañoso, egoísta y depravado—ha inventado, y mantenido consistentemente desde el principio hasta el final, el más puro y noble personaje conocido en la historia con el aire más perfecto de verdad y realidad? ¿Cómo pudo haber concebido y llevado a cabo con éxito un plan de beneficencia, magnitud moral y sublimidad sin igual, y sacrificó su propia vida por ello, frente a los prejuicios más fuertes de su gente y edad? [8]
En conclusión, podemos afirmar que Jesús es, en efecto, el Hijo de Dios y profesa la divinidad como el único Hijo de Dios. Jesús es Dios mismo. Su divinidad es validada por los hechos milagrosos que realizaba y por las afirmaciones que él mismo hacía sobre él. Tenemos sólida evidencia de que los seguidores de Jesús creían que él era Dios mismo. Así, el cristianismo se puede sostener frente al judaísmo y el islam, religiones que afirman que Jesús nunca dijo que él era Dios. Las obras de Bart Ehrman han servido para ayudar a fundamentar el valor histórico de las Escrituras, el Jesús histórico; sin embargo, podemos refutar las acusaciones que realiza con el objetivo de minar la divinidad de Cristo.
Referencias:
[1] Ehrman, B. (2014). How Jesus Became God – The Exaltation of a Jewish Preacher from Galilee. San Francisco, USA: HarperOne, p.1.
[2] Gathercole, Simon. (2014). “What Did the First Christians Think about Jesus?”, en How God Became Jesus, eds. Michael F. Bird et. al. Grand Rapids: Zondervan, pp. 95-98.
[3] Kostenberger, A., Bock Darrell., y Chatraw J. (2014). Truth in a Culture of Doubt: Engaging Skeptical Challenges of the Bible. Nashville: B&H Publishing Group, pp. 113-114.
[4] Craig William. (2010). On Guard. Colorado Springs: David C Cook, p. 198.
[5] Ibid, p. 199.
[6] Meier, John P. (1994). A Marginal Jew, vol. 2, Mentor, Message, and Miracles (New York: Doubleday), pp. 969-70.
[7] Latourette, K. S. (1953). A History of Christianity. New York, USA: Harper and Row, p.4.
[8] Schaff, P. (1913). The Person of Christ. New York, USA: American Tract Society, pp. 94-95.

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