Andrés Vásquez
Hoy en día vivimos en un mundo que cuestiona las tradiciones de toda índole. Para mucha gente la religión—sobre todo, el cristianismo—es una tradición más de la que debemos liberarnos. Para muchos en el siglo XXI es absurdo escuchar que aún existen personas comprometidas con su fe. Es por eso que hoy más que nunca debemos estar preparados para presentar defensa de la esperanza que hay en nosotros.
La apologética cristiana nos ayuda en esta situación. Probablemente, muchos de ustedes habrán oído y están familiarizados con esta palabra, otros quizá no. Quizá sea la primera vez que escuchan esta palabra. Apologética—en términos prácticos—es la defensa de la fe. En palabras del filósofo cristiano William Lane Craig, la apologética “busca proveer una justificación racional para las afirmaciones de verdad de la fe cristiana”. [1] La palabra apologética viene del término griego apología, que significa defensa. Esta palabra fue usada por Platón cuando retrató la defensa que hizo su maestro Sócrates (un discurso que pronunció ante el tribunal ateniense cuando fue acusado de corromper a los jóvenes). Esa palabra (y sus variaciones) aparecen alrededor de diecisiete veces en el Nuevo Testamento, haciendo referencia, justamente, a una defensa del Evangelio.
«La apologética cristiana no busca ganar debates, sino ganar personas con respeto y amabilidad, demostrando la verdad del Evangelio»
Es normal que cuando no hayamos escuchado acerca de este tema, pensemos que la apologética no es bíblica o qué son filosofías paganas. Sin embargo, la Biblia nos anima a desarrollar esta disciplina. El versículo clave es 1 Pedro 3:15. Este versículo es vital para la apologética, pues no solamente nos exhorta a dar defensa de nuestra fe, sino que también nos dice cómo hacerlo.
Sin embargo, es preciso aclarar lo que no es la apologética. La apologética no es «ganar debates». Nuestra meta como creyentes es ganar personas, no debates. Asimismo, no se trata de humillar o burlarse de otras personas que cuestionan nuestra fe. El respeto y la amabilidad son dos aspectos importantes que debemos tener en claro al realizar defensa de nuestra fe. Tampoco se trata de hacernos más inteligentes, ni demostrar cuánto sabemos. Mientras podamos explicar un concepto difícil de manera simple, estamos realizando un buen trabajo.
Jesús mismo demostró técnicas apologéticas en su ministerio. El Dr. Craig nos dice: “Jesús apeló a los milagros y a la profecía cumplida para demostrar que sus afirmaciones eran verdaderas (Lucas 24:25-27; Juan 14:11)”. [2] Pablo por medio de argumentos, mostró la veracidad del cristianismo. Hechos 17:17 nos dice que Pablo “discutía” con judíos y griegos. Hechos 18:28 nos dice que Pablo refutaba públicamente a los judíos. En Filipenses 1:7 describe su ministerio como “defensa” y “confirmación” del Evangelio. Así, más adelante en el mismo capítulo Pablo dice: “Yo he sido designado para la defensa del evangelio” (Fil. 1:16). La Biblia no solo nos exhorta a defender nuestra fe, sino que también nos muestra ejemplos de personas que lo hicieron.
«La defensa de la fe no solo fortalece a los creyentes, sino que también transforma la cultura y persuade a los incrédulos bajo el poder del Espíritu Santo».
El ejercicio de la apologética es demandado por la Biblia, ¿pero es realmente importante? La importancia de la apologética puede resumirse en tres puntos. En primer lugar, da forma a la cultura. En estos tiempos la sociedad tiene una mala imagen de los cristianos; nos catalogan como gente ignorante o intolerante. A veces, esto es porque no sabemos dar razón de nuestra fe de manera acertada. Sin embargo, al exponer nuestra fe de forma racional, los no creyentes no rechazarán la fe por ilógica, sino que estarán dispuestos a evaluar nuestros argumentos. Segundo, fortalece a los creyentes. Dentro de la Iglesia hay personas que tienen dudas acerca del cristianismo—sobre todo los adolescentes y jóvenes. Si podemos responder sabiamente a sus dudas esto ayudará a que su fe se fortalezca. Tener dudas no es malo, lo malo es quedarse con la duda, creyendo que no hay buenas respuestas para estas. Tercero, gana incrédulos. Estructurar y presentar el Evangelio de forma razonable, permitirá que los no creyentes puedan ser persuadidos por la fe, bajo el poder del Espíritu Santo.
La apologética es importante no solo para la vida de un creyente, sino para la Iglesia en general. Los más jóvenes se mantendrán firmes si se evita que discursos del mundo pongan en duda su fe durante su paso por el colegio o la universidad. Por último, la apologética nos ayuda a tener más confianza al compartir nuestra fe en Cristo con otras personas, al saber que las dudas de los no creyentes no presentan un mayor reto al cristianismo.


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